lunes, noviembre 1

El Dopaje


Desde tiempos muy antiguos, la humanidad ha utilizado múltiples recursos para obtener un mayor rendimiento tanto físico como psicológico. Para poner un ejemplo, griegos y romanos utilizaban hidromiel y vino por sus efectos relajantes para poder realizar mejor las pruebas olímpicas de la época. Unos años atrás, los atletas realizaban pociones a base de extractos de plantas, semillas y otro tipo de productos vegetales para favorecer su rendimiento. 
El propósito del deporte tiene diferentes significados dependiendo del lugar en el que se habita. Los países de oriente, Malasia, Corea o India entre otros, usan esta práctica como medio de diversión o como liberación de un estrés producido por diferentes factores sociales. 
Los países occidentales, en cambio, definen de otra manera las prácticas deportivas. Para esta civilización, no es tan importante el entretenimiento y el placer que un deportista pueda sentir al jugar, sino se le otorga más relevancia al hecho de ganar y al efecto que esto produce; en otras palabras, el éxito. 
Es curioso cómo una actividad deportiva —eminentemente física— puede estar ligada a valores y principios de primera línea como son la honestidad, la salud, la lealtad o el respeto. Desafortunadamente, como en muchas otras actividades desempeñadas por la humanidad, suele haber deformaciones de esos principios. El ansia por ser mejores hace que algunos atletas decidan renunciar a los principios que sustentan el espíritu deportivo. 
Es totalmente normal que cuando uno practica algún deporte siempre quiera hacerlo lo mejor posible, es decir, si a uno le encanta correr pretenderá hacerlo con más rapidez y con mayor resistencia. En cambio, cuando alguien lanza una jabalina desearía hacerlo a una distancia cada vez mayor. En teoría, eso se logra con un entrenamiento constante y equilibrado. 
Es cuando el competidor emplea alguna sustancia artificial que le permite tener un desempeño físico utiliza el dopaje. Esta práctica se suele utilizar para conseguir distintos fines como ganar sumas cantidades de dinero o ganarse el prestigio del público o, si lo hay, del entrenador. Esta acción atenta contra todos los principios, fundamentos y ética de la práctica deportiva porque destruye directamente los cimientos que crearon el deporte. 
Lamentablemente el riesgo más temido suele ser la sanción disciplinaria que corresponde si llegara a ser descubierto en una competición, en lugar de pensar los posibles perjuicios psicológicos o físicos que pueden acarrear esta conducta.

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