lunes, noviembre 22

Fuero interno

Toda persona cree conocer la existencia de un bien y un mal supremo. Este hecho ha sido simbolizado por religiones tan arcaicas como las de las primeras civilizaciones. Éstas ya empezaron a relacionar el bien con un ser o varios entes místicos capaz de bendecir y recompensar las bondades de la gente. Del mismo modo, relacionaban las fuerzas del mal con seres demoníacos capaz de matar y crear discordia entre la gente no correcta. Hoy en día, todo esto tiene similitudes con la religión cristiana católica: el Dios como supremacía del bien, y Satanás, Lucifer o el Demonio como representante de la inmoralidad.

La función de estas religiones ha sido encaminar a las personas de a pie al buen camino, al sendero correcto, a no tropezarse con las fuerzas depravadoras. Sin embargo, no existe el bien y el mal absoluto contradiciendo así la filosofía de Platón. Como esencia humana que somos, seres políticos, tenemos ante todo unas necesidades básicas que lucharemos por ellas hasta la muerte. Una vez cubiertas esas necesidades buscaremos otras incógnitas menos esenciales pero igual de importantes. Entre estos últimos está la búsqueda del bien, y por ello, su antítesis y hermano, el mal.  

Supongo que gracias a la existencia de La “santa” Iglesia, relacionamos unos valores con la vileza, como pueden ser la avaricia, la codicia, la gula y así hasta citar los siete pecados capitales… entre otros. No estoy de acuerdo con esta distinción entre lo que se puede hacer y lo que NO se puede hacer. Y es que una persona avariciosa puede ser la persona más bondadosa que existe en esta faz manchada de la tierra. En cambio, un individuo que visita la iglesia dos veces por semana no significa que sea el relegado del niño Jesús... ¡Ni mucho menos!

Con esto mismo quiero decir que no existe el bien y el mal en sus extremos, aunque nuestra sociedad esté arraigada y perseguida por acontecimientos violentos que sucumben e invisibilizan los sucesos agradables. Triste… lo sé, aunque el tema de la violencia ya os explicaré en otro día... Lo que sí quiero que sepáis es que parece que actualmente el fuego de Satán está quemando la bondad de nuestro mundo, y que Dios, arrepentido de la creación humana, se refugia en su mundo celestial, ausente del conocimiento del mal… ¡Qué barbaridad, por Dios! Por ello tendríamos que conocer el conflicto interno entre el BIEN y el MAL de cada persona y saber redireccionarlo para crear un amago de armonía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario