sábado, enero 1

Es mi indiferencia natural...

Subes al autobús y te percatas de que nadie te espera. Todo el mundo se aleja de ti con una mirada de desconfianza, con el temor de que te sientes a su lado y le violes su espacio vital. Bajas del vehículo y no sabes a dónde dirigirte. ¿Quién estará ahora pensando en mí? ¿A dónde puedo ir? Cruzo un puente y me paro a ver el ancho y profundo río. Estoy en un punto concreto en el que puedo ver uno de los meandros que crea la superficie acuática y empiezo a imaginar quienes habrán cruzado ese río. Quizá algún apuesto que tuvo que salvar la vida de alguna persona… Quién sabe…
Me doy cuenta que sólo miro el suelo. Alzo la cabeza y reparo que un universo entero se abre sobre mí. ¡Qué maravilla! En sus extremos la belleza de unos edificios legendarios y modernos que transmiten vida e historia a sus espectadores, y en el centro las fabulosas estrellas. ¿Quién las estará mirando? ¿Quien las esté contemplando, qué deseo estarán pidiendo en este momento? ¿Cuál es mi deseo? ¿Alguien habrá pedido fortuna por mí?
En uno de los vanos de las múltiples casas hay una mujer que parece estar encendiendo algunas velas. ¿Para qué serán? Quizá vaya a tener una noche romántica con su amado/amada o una cena maravillosa con su familia, o simplemente prefiere meterse debajo de la manta y tumbarse en el sofá a llorar. No me extraña que encienda velas… Yo también odio la luz que se reflecta desde el centro: es un resplandor demasiado intenso… me hace daño. No me extraña que llore…
Me dirijo a un sitio muy importante para mí. Un lugar que destaca por la magia que hay ahí, por la magia que he construido ahí. ¿Sabíais que los lugares guardan recuerdos? Todos nuestros actos se graban en todos los rincones para siempre jamás, pero lo verdaderamente extraño es que esos lugares reviven los recuerdos cuando son extremos… odio o amor. Este emplazamiento lo significa todo para mí. Me permite estar feliz, en paz, en armonía, con amor.
En este punto me gusta estar conmigo mismo. Tengo la oportunidad de pensar, de reflexionar, de soñar, de tener pesadillas, de amar, de odiar, de crear mundos mejores o peores, de diseñar el pasado y el futuro, de escucharme a mí mismo y de sacar conclusiones. Puedo decir cualquier cosa… "Construyendo edificios que no durarán, un diseño de algo fugaz, arquitectos de frases desnudas que me hacen dudar y que intentan decirme que no sé lo que quiero…, que me intentan maltratar" ¿veis? Es una gozada inventar todo lo que deseas en cualquier momento... una locura... Sin embargo, ¿vivo engañado intentado construir ese “algo” en mi “realidad"? ¿Es sano vivir de esperanzas y sueños? ¿Y si no puedo encontrar afuera lo que busco, no tengo mi derecho de cobijarme donde mejor estoy? ¿Me voy a podrir de seguir así? Mi batería se va a acabar… aunque lo siga cargando… ¿pero si consigo administrarla bien? ...Como podéis apreciar, sigo con mis elucubraciones… así no voy a llegar a ningún lado.
En conclusión, lo rudo o lo cerril no sirven para nada, sólo lo relacionado con el amor importa; pero no me malinterpretéis: el amor en todas sus formas, ya que, en mi opinión, no es justo llamar amor a las relaciones con tu pareja, sino también la que tienes con tus allegados.
Aún así tengo un quebradero de cabeza...y es que cada día hay más distancia entre mi imaginación y la realidad… ¿Será hora de pedir ayuda? Al fin y al cabo, ¿quién no pide ayuda? Será mi indiferencia natural...
Por hoy no tengo nada más que decir.

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