miércoles, febrero 2

Eterno compás



Prosperidad, felicidad, dicha. Eso es lo que sienten estos personajes al seguir los sonantes compases electrónicos. Inicia en un sublime canto atrayente y pegadizo mientras que culmina en una coreografía exuberante y casi ilusoria. Las risueñas mujeres  disfrutan de una comunicación utilizada y dominada por las abejas, es decir,  mediante el trato y la correspondencia teatral. Los vestidos de lentejuelas de los años sesenta que visten las bailarinas, por su parte, dotan de un aire carismático  y único a esta situación.

Sin embargo, nos percatamos que ese lapso de contento vuelve a repetirse. Parece que no le dan importancia o que no se han dado cuenta; continúan bailando y moviéndose sin ningún tipo de pudor, decoro o miramientos; sin freno. 

¿Qué es lo que ha ocurrido? ¿Por qué se repite? Antes de que nos hayamos dado cuenta, ese ciclo de aparente ventura vuelve a estar presente sin revelar ningún ápice de cansancio en los danzantes.

Este video representa un ciclo peremne donde esos individuos están atrapados sin poder escapar de las garras del tiempo. Siempre felices, ufanos, satisfechos y de buen humor, pero en verdad, una bonanza que no tiene fin, una felicidad quimérica, provocada, no humana. Vivientes de una perfecta realidad irreal. 

Y yo me pregunto... ¿Se trata de cobardía? ¿Es conveniente y apto subsistir de esa manera? 

“¡Oh, Ángeles, salvadme de este paraíso infernal!” 
“¡Oh, Dios,  propíname de un fruto del árbol de la ciencia!” 
"¡Oh, Gabriel, dótame de alas para poder huir!”

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