viernes, marzo 4

La pesadilla


Sólo os pido un favor, solamente uno. ¿Alguien me puede responder adecuadamente por qué tenemos esta nefasta necesidad de buscar una felicidad absoluta y compacta que teóricamente es capaz de cubrirnos con su manto de júbilo? 


Si abrimos de una vez los ojos y analizamos la vida y la existencia tal como son desde un punto de vista objetivo y racional, nos daremos cuenta que éstas carecen de un sentido preconcebido. No existe ningún Dios que dote la vida de algún motor absurdo. Somos NOSOTR@S los que le otorgamos ese significado propio. Sin embargo, ¿por qué no encuentro ninguna razón para este paréntesis existencial? Quizá no exista tal razón… quizá existamos por existir y hay que vivir por vivir… Qué triste... Los animales sobreviven de esa manera monótona porque su instinto así les guía, vivir por vivir... ¿Por qué nosotros, los humanos, tenemos que ser diferentes? 
¡Esto es un verdadero estercolero! ¡Estoy asqueado de estar harto y agotado! ¿Por qué nadie comparte estas ideas existenciales como yo lo hago? ¿Por qué soy uno de los escasos que reflexiona sobre estas cuestiones hasta dejar la vida en ello? ¿Aquellos que no le otorgan tal importancia a estas incógnitas serán felices de verdad? Espero que así lo sea, porque esto no se puede llamar vida. 


Mi primera persona no se considera avariciosa, sólo pide ser feliz, dejar de pensar y ser ajena a estos aspectos metafísicos, poder disfrutar de la luz espiritual que emana la Tierra como planeta viviente que es. Aveces prefiere no tener libertad. Aveces prefiere ser dirigido, ser un ignorante, un mandado, un esclavo. Aveces prefiere ser un animal :( 


Un día un joven pensó “Creo que sé cómo engañar al sabio. Llevaré un pájaro en la mano y le preguntaré si está vivo o muerto. Si dice que está vivo, apretaré la mano y lo mataré. Si dice que está muerto, abriré la mano y dejaré que eche a volar. ¡Me gustará ver cómo se las arregla para salir de ésta!” .  Así, el muchacho fue a ver al sabio y le hizo la pregunta “Sabio, ¿el pájaro que tengo en la mano está vivo o muerto?”. El sabio miró al joven y le respondió: “Hijo mío, la respuesta está en tus manos. Tú eres quien tiene que decidir si estás preparado para asumir la vida, más aun para cambiarla, para vivir plenamente y poner a prueba tu potencialidad. Depende de ti, está al alcance de tus manos”.

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