lunes, abril 11

Como una puta, putísima cabra, cabrón.

Todo es tan singular, tan pintoresco. Ha llegado a tal punto la necedad y lo absurdo que absolutamente todo me parece gracioso. Siguiendo ese modelo de desatino y vesania, hoy me he dispuesto a ser un “hijo de puta” (o puto, continuando con el indiviso acorde). Quizá esta nueva personalidad que estoy dispuesto a adquirir no sea compatible con la verdadera, pero intentaré adueñarme de ella puesto que lo incoherente, lo descabellado, ilógico y lo inadmisible no para de repetir mi nombre, de invocarme. Lloraré, llorarás, sufriendo en soledad, pero estando como una puta, putísima cabra, cabrón. Me he quedado bloqueado, quizá sea momento de cerrar las compuertas de mis pérfidos pensamientos. FIN. 

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