domingo, abril 17

Sábado-noche rosa 16-17 de abril

Hoy por la mañana me he despertado desorientado y con un dolor de cabeza atroz. Tengo la extraña sensación de que me voy a tropezar en cualquier instante, como si mis sentidos estuvieran en reposo, cual Sansón perdió sus fuerzas y audacia cuando le despojaron de su larga cabellera; pero lo más curioso es que la noche de ayer fue como todas las demás, usual, con una simple diferencia: me adentré bajo la semi luna llena por las calles de Bilbao mezclándome entre el ambiente rosa. Me sentí incómodo entre esas luces alógenas artificiales, pues tener la certeza de que esa calaña te observa y analiza de una forma tan vil y cruel me pone demasiado nervioso. Tener esa sensación de que te quieren conocer por solamente una razón superflua e impersonal, solamente siguiendo los instintos correspondientes a un animal irracional, la cual se intensifica por una irrefutable estela lunar, convirtiéndoles así en hombres lobo, cazadores furtivos de hombres, dementes súcubos. En la noche de ayer me encontraba demasiado cansado, debo reconocerlo; exploté a mi cuerpo como no lo había hecho en mucho tiempo, de modo que mi capacidad deductiva se reducía progresivamente, dejándome a la intemperie y sin protección en los momentos más cruciales. No obstante, sobreviví, viví, siempre con una sonrisa en la cara, reluciente y perfecta, aunque carecía de otra cualidad que creo que ya lo habréis deducido. Sin embargo, debajo de la máscara de mi rostro se podía apreciar el fuego de mis ojos, esas ascuas que nunca terminan de apagarse, ese calor tan particular que desprenden las hogueras con la quema de Brujas. Magia. Esa es la esencia y condición que le falta al ambiente rosa, a sus partícipes, y a casi todo el mundo en general. Necesitamos la labor de las Brujas para que encanten y hechicen y replanteen todos los cauces de la vida, pigmentándolos desde sus orígenes de un color mucho más atractivo y humano. Humanidad, otro asunto pendiente para los humanos inhumanizados*. 

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