jueves, agosto 4

Prioridades.

Parte de mi corta vida he estado preocupado por asuntos que no merecían importancia. He reflexionado sobre cada amigo, cada pregunta, cada respuesta, cada cometa, cada deseo, cada estrella, cada planeta perdiéndome así en una inmensa, pegadiza, indestructible e interminable tela de araña. De ese modo, he dejado de lado maravillas majestuosas que me han rodeado a lo largo de toda mi existencia: esos ápices de un puro y brillante amor, un mágico y espectacular abrazo, un impredecible y sabroso beso, esos luminosos momentos en el que te sientes amado, sin temor, una sensación de correspondencia absoluta, un sentimiento donde tienes la certeza de que todo encaja a la perfección. Observar reflejos en un lago bajo la mirada de toda una amplia gama de nubes. Escuchar bellas palabras cual un pentagrama acoge a sonoras notas musicales. Un simple rayo de sol que se filtra por la rendija de una ventana abierta siendo su única finalidad alumbrar son su antigua y centenaria luz.

En esa parte de mi corta vida he llorado. He aprendido que derramar lágrimas no es negativo puesto que son diminutos fragmentos líquidos de diamantes que se escapan de nuestro incandescente corazón para bendecir aquel objeto o ser al que se dirigen. Nunca dejaré de hacerlo, intentando adueñarme de la única verdadera felicidad, importándome lo que de verdad tiene importancia.

2 comentarios:

  1. yo siempre he sido de los que han creído que no todos se merecen nuestra BENDICIÓN lacrimal, y por eso me he ahogado muchas lágrimas, saludos :)

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  2. Casi nunca damos importancia a los pequeños detalles y nos comportamos como si no fuesen merecedores de nuestra atención pero con el tiempo y derramando una cantidad considerable de lágrimas, nos damos cuenta de que son los que nos otorgan la verdadera felicidad: un gesto, una mirada, una imagen...

    Ane.

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