domingo, septiembre 25

Sergiano.

Adoro buscar y hallar aquellas formas artísticas que me producen algún tipo de emoción. Esas representaciones pueden ser de diversos tipos, como construcciones, atlantes, mosaicos, lienzos y hasta personas. Cada vez estoy más convencido de que estas últimas son las que más arte aportan, las que verdaderamente se pueden considerar merecedores de ese gentilicio “artístico”. Cada locura, cada palabra inconexa y combinada, cada mirada exotérica, cada ropaje extravagante y personal, cada situación asistida son parte de ese mágico estilo artístico al que yo nombro y denomino estilo sergiano, nombre evidentemente subjetivo que simboliza perfectamente mis anhelaciones personales. Ese estilo sergiano es el que constantemente podemos tocar, sentir, oler, oír y comunicar ya que está adherido, ligado, enlazado, adosado a nuestras mentes, nuestras manos, nuestras telas, sean de condición noble o de menos suerte. Da igual. Un estilo de condición cósmica que tiene la impresionante capacidad de desarrollarse y evolucionar. No soy fan de estilos internacionales que se demacran y que se corrompen en producciones capitalistas y/o de carácter lucrativo. El estilo sergiano, propio del planeta amor, cariño, felicidad, luz, color, ilusión, sonrisa, es el soberano y verídico arte. 

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