domingo, octubre 9

Dimensiones paranoicas.

En ocasiones he soñado vivir en una cuarta dimensión donde los suelos se alzan en los techos y las chimeneas en las inmensas ventanas. Las casas de ese vecindario paranoico están construidas generalmente de adobes formados con barro arcilloso y cáscaras de arroz robustecidas por troncos de chopo hincados en la arena. En esta realidad pongo el cubo con la fregona en el fogón de la cocina y vierto las patatas del guisado en la lavadora mientras esparzo el jabón en polvo en el jardín para que crezca el césped. Todos los difíyulos (octavo día lectivo de la semana) al llegar a la universidad y precisamente en el instante de abrir la puerta de la entrada, me veo entrar. Intrigado siempre decido seguirme. El desconocido (palabra escrita con gran reflexión por mi parte) sube las escaleras del edificio y se sienta en mi pupitre mientras yo me dedico a escribir a mano los manuales de texto que le servirán a mi plagio para seguir la lección de la profesora. Sin querer, he descrito mi oficio de escriba. Aquí, en el universo número cuatro los atropellados no mueren ni los consumidos se suicidan. Mi sueño carece de pesadillas, poder y de arrogancia. La biblia sagrada comienza con el vocablo amor en plural. Los vientos son contrarios, cálidos y aromáticos, además de los veleros sin vela que descubren nuevos horizontes. Sin embargo, este último asunto corresponde a otra curiosa dimensión.

1 comentario:

  1. Pues a mi me parece una dimension genial...

    Por cierto soy Pérfida
    Un saludo coleguita

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