domingo, noviembre 6

La intrépida

Se trata de una mujer corriente: en los pantalones se le forman rodilleras, lee historietas y revistas, hace un ligero ruido cuando fuma, duerme la siesta cuando se lo puede permitir, se limpia los dientes tres veces al día, cambia a otro canal cuando emiten anuncios en la televisión, miente cautelosamente cuando es necesario, se emociona en los atardeceres, se enamora del sabor de las frutas silvestres, saluda con la cabeza al encontrarse con un conocido. Empero, le caracteriza una singularidad presumible: es mi madre, mi omnipresente camarada, la mujer más atrevida y valiente del orbe; la que me ha sentido y visto nacer, la que me ha cogido en brazos y la que ha evaporado y desecado mis lágrimas, lloros y lamentos mientras me consolaba y me suministraba el mejor e imperecedero medicamento que existe en la faz de la Vía Láctea: el cariño y el amor. He dependido de ella cuando me sentía triste, cuando todo creía derrumbarse y reducirse a dañinos y peligrosos escombros. Mi amiga y superiora, la que en esas precarias situaciones ha conseguido devolverme la fe, la tranquilidad y estabilidad necesarias en la felicidad. ¿Quién dijo miedo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario