sábado, diciembre 17

Obsequios de gratitud

17 de diciembre del 2011
Estimado/a tú,

Supongo que te estarás preguntando cuál es la principal razón del obsequio que sostienes entre tus manos. Quizá pienses que es una mera correspondencia de las dos maravillosas obras de arte que me regalaste hace un breve tiempo, o quizá una dádiva del afamado Olentzero (o Papá Noel) que ha portado en su saco, el cual ha decidido entregarte su regalo antes de tiempo. Sin embargo, debo decirte que esta ofrenda es más transcendental, vuela mucho más allá y a velocidades infinitas. 
Este pequeño detalle, desde el papel multicolor que lo cubre hasta la última gota de tinta que lo confiere, es el resultado del cariño, afecto, amor, amistad, dilección, inclinación, apego, proclividad, predilección y otros mil términos similares que expresan la querencia que siento hacia ti, por tu especial y brillante personalidad. Esta es una leve muestra de todos los momentos que he podido gozar a tu lado, de todo lo que he podido aprender contigo, por todas aquellas ideas que he tenido oportunidad de crear y desarrollar junto a ti, las cuales nunca has reprochado ni juzgado, sino que has aceptado e intentado comprender. 
Debemos reconocer que han sido tiempos complicados, momentos arduos y engorrosos que los hemos ido afrontando poco a poco, paso a paso, zancada a zancada. Y, sin embargo, aunque todavía queda bastante por recorrer en este laborioso, y al mismo tiempo, agraciado recorrido, llegará un punto en el que daremos saltos tan altos que seremos capaces de cruzar pueblos, ciudades (Viena y Praga inclusive), países, islas, continente y hasta océanos, con el requisito de permanecer siempre juntos, única licencia existente que tendremos que mantener para realizar tal gratificante travesía. 
Navidad para muchos es sinónimo de disfrute, dicha, amor y voluptuosidad, y es lícito decir que no van nada mal encaminados, pero pienso que ese goce, ese tono elevado de gratitud que se siente y percibe en estas fechas tan señaladas, se deben considerar asimismo en el resto de los días del año. De modo que, aunque estemos situados en este tiempo y espacio, ten presente que tanto en el asfixiante y agobiante calor del árido desierto de Sahara como en los gélidos casquetes polares del polar ártico, no dudaría en obsequiarte con un grandioso abrazo, un sabroso beso, una deliciosa sonrisa o una simple pero efectiva frase, compuesta por un único verbo y un pronombre en segunda persona, dedicada exclusivamente a ti, grafema a grafema, las cuales anhelo que duren perpetuamente en nuestra propia historia: Te quiero. 

Con  abundante cariño,
Yo

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